Navegando por el Amazonas

AmazonasUno de nuestros sueños viajeros desde la infancia ha sido el Amazonas, solo nombrarlo nos vienen a la mente mitos, leyendas y aventuras vividas por pioneros expedicionarios en uno de los pulmones verdes del planeta. Las dimensiones de la gran selva superan todo lo imaginable, ocupando buena parte del territorio de países como Brasil, Colombia, Ecuador, Venezuela y Perú.

Las hamacas serán nuestra cama durante los tres dias de travesía a bordo de La Gran Loretana, a la vez que compartimos un básico camarote como guarda-equipajes con Alexia (canadiense), Arturo y Caroline (franceses) y Claudio (chileno). Cuando ya estábamos todos durmiendo en nuestras cómodas hamacas, a eso de la 1:00 am, nos despiertan para que paguemos el pasaje, así se aseguran que no se les escapa nadie dentro del abarrotado barco.

Victor en el AmazonasNada más despertar comenzamos a entender lo que sera la divina rutina de este viaje, vistas panorámicas del gran río, pequeñas aldeas a las orillas a un lado y otro en las que el barco va parando para recoger y dejar personas y para recoger y dejar cargas, y sobre todo mucho descanso y charlas entre los gringos y con algunos amables peruanos, que muy curiosos se acercan a nosotros preguntando por nuestras nacionalidades.

IMG_1103_recLa comida que incluye el pasaje deja mucho que desear, un poco de arroz y una tajadita de pollo o bien una sopita con papas o un trozo casi invisible de pollo. No es exquisito pero aplaca el hambre, aunque los sandwiches y las chocolatinas que compramos en Leticia nos sirven como complemento. El desayuno es algo diferente, a base de una extraña bebida espesa con sabor parecido a la canela y un par de pedazos de pan que vienen muy bien para acompañar en la comida o para rellenar con jamón y queso. Tampoco el ejercicio dentro del barco es excesivo por lo que no parece que vayamos a perder peso.

CamarotesLa higiene dentro del barco no es tampoco para tirar cohetes, los suelos de cubierta se mantenían más o menos limpios a pesar de los niños correteando de un lado a otro, gracias a una señora se afanaba por mantener limpio el suelo y los baños, pero claro, 200 personas compartiendo los 4 baños/duchas disponibles… pues imagínate! El esfinter de Víctor decidió por si mismo, sin consultar con nadie, que podría aguantar hasta Iquitos.

Realmente es una experiencia vivir 3 días en uno de estos barcos, con el agua para baños y limpieza sacada del río, espacios libres pequeños, zona de carga repleta, cientos de hamacas, prácticamente pegadas las unas a las otras, hacían difícil el moverse, siempre debías ir esquivando gente, niños y equipajes.

Y aquí llegamos a uno de los momentos más increíbles, vivir un atardecer en el río Amazonas… No hay palabras para expresar la sensación de paz, de libertad y de sentirse parte de esta maravilla de la naturaleza. Somos afortunados! Radiamos felicidad por nuestros poros.

Al caer el sol el barco enciende su faro, alumbrando las orillas en busca de pasajeros, pero también atrayendo a indeseables invitados, los mosquitos amazónicos, también llamados mosquitosaurios o la madre de todos los mosquitos. Verlos dar vueltas alrededor del gran foco es un espectáculo en sí mismo, afortunadamente al estar en barco en movimiento no sufrimos sus picaduras.

Las noches son agradables, buena temperatura y silencio total, se puede pasear por la zona de la cabina de mando sin tropezar con nadie, reina la serenidad y la calma, hasta que llega la madrugada, donde comienza a hacer bastante frío y las mantas son indispensables, los niños abren sus ojos al alba y empieza de nuevo la jarana.

Pescador en el AmazonasLos días pasan tranquilos, con una monotonía agradable, aldeas, paradas, pescadores por el río, siestas y muchas fotos… bueno eso y los niños peruanos que han decidido que los gringos somos su preferida atracción, los pobres están aburridos. Ruti les enseña juegos tradicionales españoles, para que jueguen entre ellos y despejen la zona de las hamacas donde algunos intentan dormir, los pequeños disfrutan fascinados. Que alegría nos da verles tan felices mientras cantan y juegan al ‘Toma tomate tómalo…’, creemos que ese va a ser el hit del verano en Iquitos porque no paran de reír y jugar a este sencillo pasatiempo.

Tripulación del BarcoEn uno de los pueblos ribereños, llamado San Pablo, se encuentra una famosísima leprosería que actualmente sigue abierta, recibiendo enfermos de todo sudamericana y cuyos tratamientos, en el lugar privilegiado donde se encuentra, administrados por una congregación de monjas canadienses, parece que frenan enormemente los devastadores efectos de esta enfermedad. Un paisano nos cuenta que seguro que hemos oído hablar de ella porque por aquí paso el Che Guevara en su recorrido juvenil por Sudamérica, contado en la película ‘Diarios de Motocicleta’. Hostias es verdad!!!, nos acordamos perfectamente de la peli, aunque hace un montón que la vimos y nos acerca un poco más al lugar en el que estamos… Si lo hubiéramos sabido quizás podríamos haber bajado pa echar un vistazo…

La peor parte del viaje fue ver como no existe una conciencia entre los habitantes por cuidar el entorno, todo, absolutamente todo se tira al río, bolsas, desechos, latas, plásticos, botellas… Una pena verlo! Los 6 gringos vamos guardando toda la basura en una bolsa para tirarlo a la llegada a Iquitos, aunque imaginamos lo peor, creemos que allí también lo lanzaran al río.

Poblado junto al AmazonasMuchas de las personas que viven en las orillas de esta parte del amazonas no son verdaderos indígenas nativos, sino que son colonos traídos hace varias décadas por el gobierno de Perú para proteger su frontera y asentar a personas de pocos recursos de Lima o Cuzco y otras localidades en este lugar a cambio de tierras y algunos privilegios. Las tribus se fueron hacia el interior de la selva ante la presencia de dichos colonos y es difícil llegar a conocer a estos pobladores ancestrales del gran río.

Ya llegamos a Iquitos, al fondo se divisa una gran ciudad en medio del Amazonas, pero una última sorpresa está por venir. Increíble! delfin rosado amazonasLos delfines rosados que habitan aquí nos dan la bienvenida a la Urbe. Qué animal más bonito! Tienen la espalda grisacea y la tripita rosadita… que pena que estén en peligro de extinción!!! Ha sido una experiencia fantástica, justo lo que imaginábamos que sería, ahora nos queda adentrarnos unos días en la selva, pero primero descansaremos en esta ciudad al menos un día.

Al ir a bajar nuestras pertenencias la mochila de Víctor vuelve a romperse por la misma cincha que ya se rompió en Ecuador, mierdas! Ya lo arreglaremos cuando podamos, ahora al motocarro que nos lleva a todos en busca de hostel. El viaje ha sido algo cansado y se agradece enormemente una ducha de agua caliente y también un baño limpio… Tras un merecido descanso ponemos rumbo a la profundidad de la selva amazónica.

 

Como llegar, consejos y precios:

  • Lancha rápida Santa Rosa – Iquitos: 80 USD, son 10 – 12 horas de trayecto.
  • Travesía en barco lento, son 3 días de trayecto de Santa Rosa – Iquitos:  Hamaca 80 soles / Camarote doble 200 soles.
  • Recomendamos llevar papel higiénico, agua potable y algunos snacks para comer.
  • Los barcos tienen servicio de comidas y bebidas frías para los pasajeros. Precios asequibles. Es posible bajar del transporte en algunas poblaciones donde la parada es larga.
  • Se pueden comprar frutas y comidas locales a lugareños que venden sus productos en el barco en paradas largas.
  • Motocarro desde puerto a centro Iquitos: 3 soles (hasta 3 personas).

 

 

 

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